Posted by Yosue
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on April 15, 2008, 6:16 am, in reply to "Alfonso XIII, Rey de España. Viva el Rey -1-"
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El Adiós de Alfonso XIII a su Patria, a su amada España
A las nueve de la noche del 14 de abril de 1931, después de cenar a solas, por primera vez en su vida, con Victoria Eugenia, Alfonso XIII partía en coche, apresuradamente, hacia Cartagena. Al día siguiente de su salida de Madrid, Alfonso XIII embarcaba en Cartagena en un crucero de la Armada española, rumbo a Marsella. Ese mismo día, por razones de seguridad, la Reina y los Infantes tomaban un tren en El Escorial, que les condujo a Francia, por Irún, para reunirse con el Rey, que en las veinticuatro horas de la triste travesía vivió más que en los veintinueve de su bullicioso reinado.
Alfonso XIII eligió París como lugar de residencia, por su proximidad geográfica a España, ya que pensaba que un vuelco en la situación política le permitiría regresar rápidamente, y porque en Francia contaba con muchas simpatías. Se instalaron los reyes en el hotel Meurice, pero la necesidad de reducir gastos les obligó a trasladarse a un hotelito de Fontainebleau, mucho más económico. Incapaz de soportar el tedio de Fontainebleau, Alfonso XIII comenzó a viajar. A Inglaterra, para jugar al polo y conducir veloces automóviles, a la India, a cazar tigres, a Egipto a capturar cocodrilos.
Durante un tiempo, Victoria Eugenia soportó las prolongadas ausencias de su marido, con paciencia y resignación. Hasta que un día, ambas quedaron colmadas y surgió la discusión, en la que la reina sacó a relucir toda la amargura acumulada durante veinticinco años. No había ya ninguna razón de Estado que la obligara a seguir soportando a su marido y a sus constantes devaneos extramaritales. Amistosamente se separaron, y ya no volverían a verse hasta siete años después, cuando Alfonso XIII yazca en su lecho de muerte, a excepción de algunos encuentros protocolarios con motivo de acontecimientos familiares. Victoria Eugenia adquirió una pequeña casa en Lausana, Vieille Fontaine, donde fijó su residencia. El 7 de febrero de 1968, pisaba nuevamente suelo español, tras treinta y siete años de exilio, para actuar de madrina en el bautizo de su bisnieto Felipe. Después de tres días de estancia en Madrid, se la despidió con las mismas muestras de cariño con que fue recibida. Un año después enfermaría gravemente a consecuencia de las dolencias hepáticas que venía padeciendo. En la madrugada del día 15 fallecía Victoria Eugenia, a la edad de ochenta y un años, en su residencia de Lausana.
Tras la separación, Alfonso XIII continuó su vida de vagabundo, acompañado, siempre muy discretamente, por la amante de turno. En otras ocasiones se hacía acompañar por Juana Alfonsa, una hija que había tenido con una dama de muy noble linaje. Tuvo también otra hija de una institutriz escocesa y un hijo de Melania de Vilmorin, una aristócrata francesa. Cansado de tanto deambular, fijó su residencia en Roma, en el Gran Hotel, donde consumió el resto de su vida entre agradables compañías, el bridge, la ruleta... Y siempre, como telón de fondo, la tragedia en que se veía sumida su familia.
Con la edad, Alfonso XIII había engordado, sobre todo de cuello y caderas. A menudo el asma se enconaba, y los herpes, herencia de Fernando VII e Isabel II, se fueron acentuando con los años. Nunca fue muy comedor, prefiriendo los platos sencillos. Se alimentaba preferentemente de carne, huevos y pastas, sin apenas probar las verduras y las frutas frescas. Tampoco fue Alfonso XIII gran bebedor de vinos de mesa, en cambió, con el café se hacía servir una descomunal copa de chartreuse. El whisky and soda se había convertido en la dieta habitual del Rey. En los últimos años, de un uso ya excesivo, pasó al abuso suicida del alcohol y del tabaco, empeñándose en quemar un cigarrillo tras otro. Su respiración fatigosa le vedaba ya los ejercicios violentos, aunque de vez en cuando se entretenía, en amena compañía, practicando dos horas de golf. Mas la mejoría que podía reportarle este leve ejercicio quedaba anulado inmediatamente después en el bar. Él mismo solía decir: "En las sesiones de bridge o en los campos de golf, recurso supremo de un Rey que pierde su empleo sin la posibilidad, abierta a los demás hombres, de cambiarlo por otro, el fumar y el beber son los complementos directos del juego y del deporte". La angina de pecho rondaba la vida de Alfonso XIII. En 1933, Alfonso, Príncipe de Asturias, y el Infante Jaime, renunciaron oficialmente, para sí y sus posibles descendientes, a sus derechos a la corona española. El 15 de enero de 1941, un mes antes de morir, Alfonso XIII abdicaba en su hijo Juan, que se convertiría en Rey de derecho de España.
El primer ataque lo sufrió Alfonso XIII a las diez de la mañana del miércoles 12 de febrero. Durante dieciséis días, los doctores Frugone y Colazza lucharon contra la muerte. Pero había un dilema: no se podía suprimir de golpe el alcohol en la dieta del enfermo, porque lo necesitaba, y esto perjudicaba al corazón del paciente. A este cuadro clínico se añadían los problemas del asma y el hígado, que tampoco funcionaban muy bien. El 28 de febrero de 1941, en Roma, moría Alfonso XIII, a la edad de cincuenta y cuatro años. La misma enfermedad que había matado a su madre, la angina de pecho, acabó con él. Junto a su lecho se encontraban sus hijos sobrevivientes: Juan, Jaime y las Infanta. Y, junto a ellos, la Reina Victoria Eugenia.
El Rey Víctor Manuel III, Juan y Jaime, presidieron el entierro. Junto a los restos mortales de Alfonso XIII se depositó un saco con tierra de todas las provincias españolas. Recibió sepultura en la iglesia española de Montserrat, en Roma. Años más tarde, restaurada la monarquía en su nieto el Rey Juan Carlos I, su hijo y nieto, ordenaron su traslado y el entierro de sus restos en el Panteón de Reyes del Escorial.
Las últimas palabras de Alfonso XIII fueron: "España... ¡Dios mío!". Alfonso XIII amaba con delirio a España, porque en ella había nacido y porque para ella vivió toda su vida.



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