Posted by Yosue
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on April 15, 2008, 6:14 am, in reply to "Alfonso XIII, Rey de España. Viva el Rey -1-"
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La Familia de Alfonso XIII
Victoria Eugenia supuso una bocanada de aire renovador en las costumbres casi monásticas, impuestas por María Cristina. Escogió a sus damas de honor entre las jóvenes más bellas y elegantes de la realeza. Dotó al palacio de lugares retirados, donde la familia pudiera gozar de intimidad hogareña. Ella marcaba la moda y no se recataba de sacar su pitillera y encender un cigarrillo. No tuvo inconveniente en provocar un escándalo en la playa de San Sebastián al lucir un "indecoroso" traje de baño, que dejaba ver un aparte de la pierna. Rompió la rigidez del horario palaciego, impuesto por María Cristina, e instalo un cinematógrafo en la sala de las Columnas.
Cuando Ena se mostraba en público el pueblo la aclamaba: "Viva la reina guapa", pero en las conversaciones privadas se la tildaba de estirada y orgullosa, de ser demasiado británica y antipática. La maledicencia llegó a apodarla La Pava Real, por considerarla sosa y de escasa inteligencia, lo que no era cierto, pues en poco tiempo aprendió el castellano. En su trato personal era agradable, graciosa, afectuosa con los que la rodeaban y dotada de una chispeante conversación. Mucho más cultivada que su esposo, se sentía atraída por la música, las bellas artes y la literatura, estando dotada de un fino gusto artístico.
El 10 de mayo de 1907, nacía, en el Palacio Real, el primer hijo varón, Alfonso. La felicidad del monarca, que veía garantizada la continuidad dinástica, pronto se vería trasformada en honda amargura. A los tres días del nacimiento del príncipe, siguiendo con la tradicional costumbre de circuncidar a los recién nacidos, procedieron los médicos a practicar la simple apelación. Al suturar la herida los médicos comprobaron, con sorpresa, que no cesaba la hemorragia. Se habían tropezado con la hemofilia.
Alfonso XIII, consciente de que su hijo tendría que vivir rodeado de grandes cuidados, ya que cualquier herida, por muy pequeña que fuera, pondría en peligro su vida, sintió un dolor lacerante y una gran decepción. El desamor hacia su esposa fue creciendo con el paso de los días. En más de una ocasión confesaría a sus íntimos: "No puedo resignarme a que mi heredero haya contraído una enfermedad que traía la familia de mi mujer. Sé que soy injusto, lo reconozco, pero no puedo pensar de otra manera...". El distanciamiento entre los esposos crecería con los años. Victoria Eugenia sufrió un penoso calvario, que la sumió en la consternación y en la tristeza.
El 23 de diciembre de 1908, en la Granja, nacía otro varón, Jaime, libre de la tara hemofílica, lo que proporcionó una gran alegría a sus padres, propiciando un acercamiento en la real pareja. No había cumplido los cuatro años el infante, cuando se le declaró una doble mastoiditis, viéndose obligados los cirujanos a romper los huesos auditivos, con lo que Jaime quedó, desde aquel mismo instante, sordomudo. El silencio invadió el mundo de éste niño que apenas había empezado a vivir.
El 22 de junio de 1909, venía al mundo, en la Granja, la infanta Beatriz. El 21 de mayo de 1910, nació un varón muerto. El 12 de diciembre de 1911, nacía la infanta Cristina. A la una y media de la noche del 20 de junio de 1913, en La Granja, Victoria Eugenia alumbraba a su sexto hijo, sano y libre de la tara hemofílica. Se le impuso el nombre de Juan y sería, en los años venideros el continuador de la dinastía. En la mañana del 24 de octubre de 1914, Victoria Eugenia alumbraba a su séptimo y último hijo, Gonzalo, que nació con la tara hemofílica.



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