Posted by Yosue
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on April 15, 2008, 6:14 am, in reply to "Alfonso XIII, Rey de España. Viva el Rey -1-"
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Boda de Alfonso XIII
En 1905, Alfonso XIII inicia un viaje europeo, que le llevó el día 5 de junio, a desembarcar en Porsmouth, siendo recibido por el príncipe de Gales. Desde allí se trasladó en tren a Londres en cuya estación le esperaba Eduardo VII y el gobierno en pleno, presidido por Lord Balfour. Durante su estancia en Londres se le agasajó con recepciones, bailes, maniobras militares... En el banquete que se le ofreció, en el palacio de Buckingham, conoció a Ena de Battenberg, hija de la princesa Beatriz de Gran Bretaña. Alfonso XIII hubiera preferido prolongar unos días más su estancia en Londres, pero no fue posible. El día 10, salía de la estación Victoria camino de España. Se llevaba la simpatía de los ingleses, de su Rey, y, sobre todo, la de una mujer de extraordinaria belleza que habría de elevar al trono de España.
Las posibles candidatas que se barajaron en las cancillería europeas quedaron descartadas. En el corazón y en la mente de Alfonso XIII, de diecinueve años de edad, sólo había sitio para una mujer: Ena de Battenberg. Por una vez iba a quedar excluida la consanguinidad. Desgraciadamente, esto no impediría que una terrible tara hereditaria se asentara en la sangre de los borbones.
Victoria Eugenia Julia Ena de Battengerg nació el 24 de octubre de 1887, en el castillo de Balmoral, Escocia. Su padre, Enrique, era el tercero de los hijos de Alejandro de Battenberg y nieto del duque Luis II, soberano del Gran Ducado de Hesse-Darmstad, y de la princesa Guillermina de Baden. La madre de Ena fue Beatriz, ultima de los hijos de la reina Victoria de Inglaterra. Enrique murió de malaria durante la expedición británica Ashanti, cerca de Sierra Leona.
La hemofilia, enfermedad que solo transmiten las hembras, venía castigando a la familia de Hesse desde hacía doscientos años, habiéndola trasmitido a varios tronos europeos a través de los cruces matrimoniales. Ena era hija de Beatriz, que ya tenía dos hijos hemofílicos; nieta de la reina Victoria y bisnieta de Victoria de Sajonia-Saafeld, de la casa de Hesse.
Cuando Alfonso XIII la conoció, Ena era una joven alta y esbelta, aunque no muy delgada; el cabello, rubio como el oro; los ojos azules, vivos, de dulce mirar; frente despejada; nariz aguileña y boca bien conformada; tez de nácar rosado y un óvalo perfecto de la cara; talle esbelto; caderas bien marcadas, pero no exageradas. A este bello físico se añadía una elegancia natural, y un encanto y atractivo que se desprendía de su natural bondadoso y sencillo. Ena demostró una excelente capacidad para ciertas disciplinas, especialmente para los estudios de historia y para los idiomas, hablando correctamente el alemán y el francés.
En enero de 1906, llegaba Alfonso XIII a Biarritz, donde se encontraba la princesa Beatriz con dos de sus hijos, Ena y Alejandro, alojándose en Villa Mauriscot. Esa noche, el monarca envió un telegrama a su madre_ "Me he comprometido con Ena. Abrazos. Alfonso". Un mes más tarde, en el palacio Miramar, en una íntima ceremonia, particularmente penosa para la novia, Ena renunciaba a su fe anglicana y abrazaba el catolicismo. El 11 de marzo de 1906, Alfonso XIII comunicaba oficialmente, al jefe del gobierno, su propósito de contraer matrimonio con Victoria Eugenia. El 17 de abril, llegaba el monarca a la isla de Vigh, para pasar unas cortas vacaciones con su prometida. Eduardo VII y la princesa Beatriz había advertido noblemente a Alfonso XIII, a María Cristina y al Gobierno español, de la posibilidad de que Ena pudiera ser transmisora de la hemofilia. Pero el joven monarca pensó que no le iba a tocar a él semejante gracia, ya que no todas las mujeres eran transmisoras, ni todos los varones de ellas nacidos heredaban la enfermedad. El Rey confió en su estrella, pese a las advertencias de su madre, que hubiera preferido para su hijo una princesa austriaca.
El 21 de mayo de 1906, se celebró la boda en la madrileña iglesia de San Jerónimo el Real. Después de la sofocante e interminable ceremonia, el cortejo discurría por la calle Mayor, camino de palacio. Inesperadamente, al pasar el cortejo por debajo de los balcones de la casa número 88, resonó una terrible explosión que , si no hirió a los reyes, causó veintitrés muertos y unos cientos heridos entre los soldados y los que presenciaban el paso de la brillante comitiva. Ena nunca pudo olvidar el sangriento suceso. Años después, en su exilio de Suiza, recordaría estos instantes con voz temblorosa "Era horroroso. Alrededor nuestro yo no venía más que sangre, y jamás podré olvidar al pequeño soldado decapitado que se desangraba ahí al lado..."El autor del atentado, el anarquista catalán Mateo Morral, pudo huir de Madrid, pero fue localizado en Torrejón de Ardoz por un guarda jurado, a quien el anarquista mató



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