Posted by Yosue
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on April 15, 2008, 6:13 am, in reply to "Alfonso XIII, Rey de España. Viva el Rey -1-"
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Infancia y Adolescencia de Alfonso
Nació Don Alfonso a las doce y media del 17 de mayo de 1886 en el Palacio Real de Madrid. Alfonso XIII, desde los primeros días de su vida, fue Su Majestad el Rey, incluso para su madre, que le decía constantemente: "Para los demás, tu eres el Rey de España", aunque en privado le llamaba por el cariñoso nombre de Bubi. A los tres años ya presidía, sentado en el trono junto a su madre, las solemnidades en que su presencia testimonial se consideraba necesaria.
Hasta la adolescencia vivió rodeado de mujeres, que se mostraron extraordinariamente indulgentes con él, sobre todo su madre y la Infanta Isabel, La Chata. Ésta, al igual que su madre Isabel II, había heredado la gracia populachera y cínica de su abuelo Fernando VII, y aprendido muy poco de la experiencia del exilio, pues tenía una mentalidad típica del antiguo régimen. Atada al concepto de la monarquía absoluta, hizo todo lo posible por inculcar a su sobrino la idea funesta de que un Rey no se equivoca nunca, y de que siempre "hay que hacer lo que el Rey mande", frase que le repetía al joven monarca varias veces al día.
María Cristina, consciente de que su Bubi era el hijo que un tuberculoso había engendrado, poco antes de morir, extremó los cuidados para que este vástago, heredero de una estirpe Borbónica tan castigada por los continuos matrimonios consanguíneos, se criara sano y fuerte. A tal efecto, le puso un pediatra para que eligiera los alimentos que había de ingerir, obligándole a pasar muchas horas al aire libre y llevar una vida higiénica muy reglamentada. A los cuatro años, Alfonso XIII cayó enfermo y su madre creyó enloquecer de dolor, viendo como su hijo se moría. Afortunadamente, la fiebre remitió y la tan temida meningitis no se produjo. A los pocos días ya se había repuesto totalmente.
Su instrucción se inició a los siete años, bajo la supervisión del general Sánchez. A los diez, su madre designó un selecto grupo de profesores que formaron el cuarto de Estudios del Rey, donde predominaba el elemento militar. El ambiente que rodeó la niñez y juventud de Alfonso XIII fue severo, rígido, encogido, rutinario, fuertemente clericalizado y poco permeable a los aires del exterior. Siempre vigilado por su austera y absorbente madre. Esta atmósfera no era, ciertamente, la mas idónea para un niño que había de regir los destinos de España.
Hasta la mayoría de edad, Alfonso XIII no conoció otro ambiente que el palaciego. Los
niños con los que jugaba eran de la alta nobleza. Las clases las recibía privadamente en palacio, sometido a un rígido y extremo plan de estudios, que vigilaba su madre. Se levantaba a las siete de la mañana, tanto en verano como en invierno, para poder cumplir con la apretada agenda de su plan de estudios: gimnasia, idiomas, equitación, ejercicios de tiro al blanco, esgrima, billar o fútbol, aritmética, geometría, geografía, gramática, literatura e historia, especialmente la militar. Es su educación primó la educación militar -diariamente se entrenaba en la vida de la milicia- y la religiosa.
María Cristina vivió obsesionada por dotar a su hijo de una robusta salud física. En las revistas ilustradas de la época era habitual ver la fotografía del Rey practicando diversos deportes. La constante disciplina y vigilancia, a la que se veía sometido, acabó por resultarle odiosa. Aunque sólo fuera por un momento, le hubiera gustado verse libre de la continua vigilancia. Pero María Cristina no hacía caso de sus ruegos y le repetía constantemente: "Sois el Rey y debéis estar preparado para ocupar el Trono".
Alfonso XIII, aunque de mente despierta, no sintió una gran afición por los estudios ni por los libros. Sus educadores tampoco hicieron hincapié en su formación intelectual, lo que años después sería causa de su fracaso con los intelectuales. María Cristina, criada en la rigidez de la corte austriaca, educo a su hijo aislado del contacto con el pueblo, conociendo la vida a través de la adulación cortesana y de los montajes que, con ovaciones, vivas y cañonazos, se le ofrecía en sus salidas fuera de la corte. Lo que pasaba en España apenas si llegaba a los oídos de Alfonso XIII como ecos lejanos, levantándose a su alrededor una muralla de silencio. La política que hacía María Cristina era la de "no hacer nada", todo debía mantenerse tal y como estaba para que su hijo recibiera la herencia intacta. Mantener, taponar, que nada se mueva de su sitio. Esta política, a la larga, le sería fatal a Alfonso XIII, que vivió de espaldas de la realidad nacional.
Si los libros le repelían, no sucedía lo mismo con los caballos, las armas de fuego, los uniformes militares y los desfiles. Su personalidad se iría perfilando, ayudado por su madre y por sus mentores, hacia el espíritu militar. La Casa de Campo sería el escenario donde, en compañía de los hijos de aristócratas y de generales, participaría en ejercicios castrenses y en acciones supuestamente bélicas. Miguel de Unamuno, después de observarle durante los tres primeros años de su coronación, hizo este comentario: "Está muy militarizado, a la gente le va haciendo muy poca gracia el que ande siempre de uniforme de capitán general. Cada día se espera en España menos de él. No le interesa nada de verdad, y no es sino un mozo de sociedad, de buen trato y francas maneras, pero sin ideales de ninguna clase. Además, la gazmonería de su madre, la insoportable austriaca, ha dejado en él mucho más rastro de lo que parece".
Alfonso XIII crecía sano y fuerte. Le interesaba todo, pero nada le retenía. Su carácter era afable, sencillo, generoso y alegre, y su sonrisa era capaz de conquistar todos los corazones. Se acercaba la hora de jurar la Constitución, ya que el 6 e mayo de 1902, iba a cumplir los dieciséis años.



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