Posted by Yosue
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on April 15, 2008, 6:12 am, in reply to "Alfonso XIII, Rey de España. Viva el Rey -1-"
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La Verdad sobre la Dictadura de Primo de Rivera
http://blogdelacomunidadlamonarquia.blogspot.com/2008/04/la-verdad-sobre-la-dictadura-de-primo.html
La política de turno que regía en España había fracasado por sus intransigencias y ambiguas posturas, así como por el desorden y reclamaciones de los partidos revolucionarios. El 4 de junio, el cardenal de Zaragoza Soldevilla, caía asesinado, mientras en Barcelona sucumbían, bajo las balas terroristas, cuatro personas más. Los actos terroristas, los atracos, los robos a mano armada, estaban a la orden del día. Al mismo tiempo, en Barcelona, bajo la presidencia de su Capitán General, Primo de Rivera, se reunían los coroneles con mando y el Jefe del Estado mayor. Había llegado el momento de obrar. Sólo faltaba recabar el consentimiento de Alfonso XIII y ponerse de acuerdo con otras guarniciones. El 13 de septiembre de 1923, Primo de Rivera daba el Golpe de Estado.
Alfonso XIII, que se encontraba en el palacio de Miramar, en San Sebastián, volvió precipitadamente a Madrid. En el telegrama que le envió Primo de Rivera, se reafirmaba en la lealtad al Rey y le garantizaba que pondría fin a la situación revolucionaria, a las huelgas, a los motines y a los asesinatos. El consejo de Ministros, reunido a instancias del monarca, no pudo garantizarle el restablecimiento del orden público. El Rey pudo constatar, en los días que tardó en aceptar el golpe de Estado, que el ejército, jefes políticos, el pueblo, harto ya de tanto desorden y anarquía, y hasta la prensa, acogían con entusiasmo el manifiesto de Primo de Rivera.
Alfonso XIII, se vió obligado por todos los elementos sociales que imperaban en la España de los años 20, y aceptó el cese de sus ministros, entregando a Primo de Rivera el poder con estas palabras: "Quiera Dios que aciertes. Te voy a dar el mando". Primo de Rivera suspendió la Constitución de 1876 y formó un Directorio.
Entre lo apoyos que tuvo el General Primo de Rivera a su golpe de Estado, se encontraba el Partido Socialista Obrero Español, al igual que la UGT y demás partidos políticos que por aquel entonces no eran capaces de dar una solución a los problemas de España.
Miguel Primo de Rivera era partidario de la superación de la lucha de clases, éste no dudó en buscar la colaboración del entonces partido socialista, para mejorar las deplorables condiciones de vida de los trabajadores españoles. Desde el lado socialista, y emulando la actitud que tuvo el SPD alemán con Bismarck, el PSOE tuvo un acercamiento no exento de oportunismo hacia el Directorio, mientras otros grupos como los cenetistas y los hombres de la restauración (liberales y conservadores) eran prácticamente borrados del mapa político. A los pocos días de iniciarse el Directorio militar, el general Duque de Tetuán visitaba la Casa del Pueblo de Madrid, desde donde emitió emocionadamente estas palabras: “en este centro se da al obrero una orientación de buena ciudadanía”. Con esta visita, el sorprendente matrimonio entre socialismo y primorriverismo, parecía quedar asegurado.
A pesar de la oposición del sector liderado por Indalecio Prieto, la mayoría del Partido Socialista y de la UGT, de la mano de Largo Caballero, el futuro Lenin Español, decidió colaborar definitivamente con el Directorio militar. Esta colaboración, constante y continuada a lo largo de toda la dictadura, fue ratificada en los congresos del partido y del sindicato en 1928. La doble colaboración –política y sindical- del PSOE y de la UGT, consiguió que ambas organizaciones gozaran de una mayor cohesión y operatividad, amén de librarlas de sospechas gubernativas. Los políticos del PSOE inspiraban la abundante -y bastante mediocre, todo hay que decirlo- legislación social del régimen, mientras la UGT gozaba prácticamente del monopolio de la actividad sindical.
Ya desde el segundo día del Directorio, las huestes socialistas decidieron no secundar la huelga cenetista apoyada por el PCE. Por el contrario, destacados dirigentes socialistas ocuparon cargos de gran relevancia en el sexenio primorriverista: vocalías del Consejo de Estado y del Consejo Interventor de Cuentas del Estado, asientos en el nuevo Consejo Superior del Trabajo y en la Comisión de Corporaciones del Ministerio de Trabajo, consejerías del INP, del Consejo de Información Telegráfica Comercial, del Consejo Superior Ferroviario, representantes gubernamentales en la OIT, representantes en los comités paritarios, en la Oficina Internacional de Ginebra, etc… El propio Largo Caballero logró entrar en el mismísimo Consejo del Estado. Largo Caballero, con el visto bueno de Besteiro, aprobó y perfeccionó los proyectos del general sobre los jurados mixtos y el arbitraje imparcial. La dictadura derechista de Primo de Rivera era un tanto peculiar.
Particularmente interesantes fueron las distintas entrevistas que Miguel Primo de Rivera mantuvo con el dirigente de la UGT Manuel Llaneza. El socialista Andrés Saborit, entonces miembro de la Comisión Nacional Corporativa, señalaba en el XII congreso ordinario del PSOE celebrado en 1928 que “la justicia obliga a reconocer que Primo de Rivera atendió la mayor parte de las reclamaciones formuladas por Llaneza”. En este sentido, cabe aquí recordar, por lo que a Asturias se refiere, la financiación de la compra de la mina de San Vicente para la explotación, en régimen de cooperativa, por el sindicato minero asturiano, al que Primo de Rivera concedió, además, una subvención de 25 céntimos por tonelada de carbón explotada con la condición de que los fondos se destinaran a obras benéficas.
Asimismo, la dictadura subvencionó la creación de casas del pueblo socialistas. Curiosamente, la organización corporativista de los comités paritarios permitió que la UGT durante la Dictadura pasara de 208.170 afiliados en 1822 a 238.501 en 1929, permitiendo la propaganda marxista, sueldos y dietas para sus militantes que participan en el tinglado paritario.
Años después, en una de las sesiones parlamentarias más radicalizadas de nuestra Historia, la cual tuvo lugar el 15 de abril de 1936, varios diputados socialistas arremetieron descabelladamente contra la Dictadura de Miguel Primo de Rivera. Calvo Sotelo tuvo que recordar a estos los viejos socios del dictador lo mucho que habían colaborado con el Marqués de Estella. El ambiente se caldeó, pero Calvo Sotelo se había limitado a decir la verdad. De hecho, cuesta encontrar dirigentes socialistas entre los conspiradores antidictatoriales, entre otras cosas, porque las iniciativas antidictatoriales solían partir de los círculos liberales, los ateneos republicanos y las logias jacobinas. Por el contrario, las Casas del Pueblo administraban su particular luna de miel con la Dictadura, haciendo caja y fomentando las afiliaciones.
Dos frases de Indalecio Prieto, dejan clara la postura del psoe en relación a Primo de Rivera. Dijo de él que fue un “Dictador sin muertos” y que “ojalá todas las dictaduras fueran como la suya”. La etapa de Miguel Primo de Rivera se había convertido en una de las edades de oro del socialismo español.
La Dictadura de Primo de Rivera, fue la excusa que aprovecharon los partidos de la extrema izquierda, que veían en la Unión Soviética la realidad a imitar y así convertir a España en un sistema Comunista. El Partido Socialista, utilizó la buena voluntad del General y fue poco a poco acaparando cotas de poder que posteriormente le ayudarían a dar el golpe de Estado de 1931.



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